Ya se vuelve cotidiano el no poder descansar. El no poder conciliar el sueño.
La obscuridad de mi cuarto. La soledad de mi cuerpo sobre el lecho. La tranquilidad de mi respirar.
Algún ruido, típico de la metrópoli, como fondo de esta imagen. Las pequeñas luces del escritorio (de transformadores, estabilizadores y de distintos equipos electrónicos) que a altas horas de la noche, hundido mi cuarto, en su profunda obscuridad, se asemejan a pequeños soles. Soles y estrellas, generando la mínima iluminación en esta pieza, formando sombras rebeldes, sombras sin dueño, sombras sin sentido.
Mi respirar se acelera, mi tranquilidad se vuelve giros y giros en la cama. Siendo olvidado por Hipno.
Lo único que falta en escena para que la misma sea realmente novelesca, seria el reloj de pared, marcando los segundos con un continuo Tic, Tac.
En su lugar, un reloj digital de rojos números, pero en mi cabeza resuena igual, segundo a segundo, recordándome que estoy despierto, el continuo Tic, Tac…
lunes, 21 de mayo de 2007
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2 comentarios:
Capitán: tantos años ya... pero bueno, estoy acá hoy para hacer un breve comentario a su artículo. Creo que una de las hipótesis de por qué algunas, o la mayoría, de las mujeres utilizan la palabra "no" se debe al temor hacia un prejuicio universal masculino. Las ganas de consumar tal acto de perfección humana existen, son reales, pero el miedo al qué dirán los hombres también es real. Estas dos fuerzas compiten por manifestarse, y como resultado o formación sintomática obtenemos un "no".
Sin mas para agregar, espero sirva de algo mi humilde opinión.
Un abrazo, Lou Andreas-Salomé
Es el mayor de los "No" ironicos simplemente.... tal como cuando alguien te pregunta: "estas listo?" y respondemos "SI" cuando sabes que en realidad no lo estamos...
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