México, México, México…
Para ser sincero nunca me imaginé pasarla tan padre en México. Fue un viaje increíble, en el cual tuve muchas experiencias muy agradables y conocí la gente mas chingona que hay.
Los Mexicanos dicen haber encontrado la receta maestra para hacer feliz a un Argentino, “Con una caja y un chingo de papelitos” y al instante y al unísono repicaron los aplausos y carcajadas en forma de alegría, pero más que nada en forma de asentimiento.
Admito que fue muy divertido. No pare de reírme y mi estomago ya dolía de la risa. Pero por otro lado debo revelar que estaban muy equivocados. No es una caja con papelitos lo que nos hicieron felices. Fueron un chingo de mexicanos BIIIIIEN PADRES.
Si mis queridos Mexicanos, los extraño, los quiero… hicieron de mi viaje una maravilla.
Además, no me permitieron estar solo (lo que agradezco). Imagine que luego de la partida de Jon (mi amigo cordobés que también fue a construir, el es la razón por la que yo fui México) me la iba a pasar solo, si nadie, paseando por México. Pero no fue así.
Primero estuve con Jon, luego la construcción y el agrado de conocer a estos excelente techeros, y más luego aún, la despedida de Jon, allí conozco más gente bien chingona. Pero cuando llega el momento de irme para San Cristóbal, me acompañan dos Mexicanas fantásticas, Gaby y Paty. Y a mi regreso a la Ciudad de México ya estábamos todos de nuevo reunidos, pero sin Jon.
Señores todos ustedes, Mexicanos y mi Jon, me hicieron un viaje increíble. Mi viaje fue perfecto por ustedes, y claro por “el chingo de papelitos” también.
Simplemente gracias… los esperamos en Argentina…
Los quiero.
viernes, 7 de marzo de 2008
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